sábado 25 de julio de 2009

Proverbios orientales…

Seguramente se oyó una sola voz, pero sucedían más de mil doscientos conciertos diferentes, uno por cada uno que escuchaba. Hubo quien oyó las canciones de siempre, hubo quien vio un taburete modernista, con el tapizado púrpura intenso, en recuerdo de las noches de conversación en el Bocaccio de Barcelona, noches de los setenta que pueden traer el recuerdo de Terenci Moix, Maruja Torres o Vázquez Montalbán, el recuerdo de una izquierda tolerante y curiosa, más entregada a la imaginación que a la estadística. Hubo quien vio un escenario con una estrella al fondo que a veces parecía un prototipo de 'dodotis', hubo quien echó en falta más asimetría en la escena, o que las imágenes proyectadas guardasen relación con el espectáculo; hubo quien pensó que el viento habría traspapelado las hojas de algún guión. Se veía a Salvat-Papasseit, a Foix, pero no se le oyó. Hubo quien oyó decir como proverbios orientales viejos dichos de Heráclito; bien es verdad que, desde esta parte de occidente, oriente es todo lo que queda entre Formentera y Malibú. Y entre proverbio y proverbio, canciones sobre la mala racha, deseos incumplidos, las madres y los hijos, las esclavitudes de cada día y, por supuesto, las viejas canciones que hablaban de hacer el camino y dejar espuma sobre el mar, un viejo vitalismo que no se agota, 'aunque todo puede ir a peor', según el proverbio. Hubo quien disfrutó particularmente con el piano de Miralles que con la edad y en solitario a veces recuerda las sonoridades de Tete Montoliu, aunque hay quien piensa que no se atreve a soltar el corazón negro que debe llevar bajo la camisa negra y esa sonrisa que tanto gusta a Serrat. Igual con un poco de mala leche se toca mejor (mejor imposible, aunque más atrevido). Las viejas canciones sonaban nuevas con una facilidad pasmosa. Hubo quien echó la mirada atrás, hacia esas noches de conversación sobre taburetes modernistas en Bocaccio y celebró que las mujeres, más de treinta años después, vivan de otra manera; que las bromas sobre el afecto entre dos hombres que, como en los matrimonios, no tienen sexo, tengan su sitio en un escenario público con la sonrisa y la aceptación de los presentes. Hubo quien oyó al cantante celebrar que se pudiera compartir la comida, la bebida y el turrón… Ha sido una carrera larga y llena de dificultades, entre pobres que esperan un gesto de caridad para robarnos la cartera. Mala suerte, buena suerte, nunca se sabe, dice un viejo proverbio oriental. Se oyeron mil doscientos conciertos, uno o más por asistente, de una música que no se baila, hecha para escucharse en silencio, un 'talk-show' como se dice, un 'entretenedor', un encantador de serpientes; a veces monologuista, a veces actor que ha exagera los gestos, las pausas, las dudas antes de elegir como al azar una palabra ya escrita, un retratista irónico de las conversaciones interiores que se suceden con el paso del tiempo. Todo puede ir a peor. Pero anoche, frente a una lona con forma mitad de estrella caída, mitad 'dodotis', mil doscientos conciertos se oyeron en una sola voz.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada